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Los privilegios de no tener que salir del clóset

Paloma Villanueva

Coordinadora de Contenidos

Vie, 06/22/2018 - 13:44

Luisa Almaguer ha salido del clóset tres veces a lo largo de sus 26 años de vida. Sí, tres.

En nuestra última Órbita Feminista, Luisa nos compartió que a los 14 años, cuando pensaba que era un chico gay, agarró valor para enfrentar a su familia y explicarles que le gustaban los chicos. Fue su primera salida del clóset y la peor, porque tuvo que enfrentar a un padre profundamente machista que respondió violentamente.

A los 20 años, descubrió con ayuda de Google que no era un hombre homosexual, sino una mujer trans. El tratamiento hormonal y la transición para pasar de ser hombre a ser mujer fue el segundo momento en que dejó el clóset.

Y finalmente, seis años después, cuando estaba ya lista para someterse a una vaginoplastia que culminaría su transición, Luisa salió del clóset por tercera vez.

“Este año me relacioné sexoafectivamente con un hombre trans y me di cuenta de que había muchas más posibilidades que ser una mujer heteronormada con una visión binaria de las personas. Eso me cambió otra vez el chip. Hoy me siento atraída por múltiples corporalidades”, nos dijo.

[Por si perdiste el hilo como yo cuando escuché a Luisa hablar por primera vez, abro estos corchetes para explicar que, al decir que no quiere ser una mujer “heteronormada”, Luisa se refería que no le interesa encajar en el estereotipo de la mujer femenina, delicada, linda -y con vulva- que se siente atraída por los hombres -con pene-, y al rechazar lo “binario” se refería a que no todas las personas se identifican a sí mismas como hombres, ni tampoco como mujeres].

Cristina, quien también compartía el espacio, nos contó que ella salió del clóset a los 15 años, pero “la volvieron a meter”. En su familia le dijeron que la atracción por las chicas seguro “era una etapa pasajera” y por un tiempo lo creyó, así que tuvo que salir del clóset por segunda vez y para siempre cuando ya tenía más de 20 años. John nos dijo que para él, salir del clóset fue fácil porque su familia parecía saberlo desde tiempo atrás, así que al descubrir que se había estado equivocando al tener novias en vez de novios, simplemente empezó a caminar de la mano a las personas correctas.

Yo que soy una mujer cisgénero heterosexual [cisgénero porque me identifico con el sexo que me fue asignado al nacer y heterosexual porque me atrae el sexo opuesto] no tuve que salir del clóset. Y sólo eso ya me vuelve privilegiada [el simple hecho de no pertenecer a ninguno de los colectivos albergados en el acrónimo LGBTIQA+ me representa una ventaja].

Soy privilegiada porque no perdí mi trabajo como Mónica, una mujer trans quien vivió como hombre la mayor parte de su vida y al llevar a cabo su transición fue despedida de su empleo en una escuela de inglés y hoy tiene que dar clases particulares en un coworking porque al acudir a entrevistas de trabajo enfrenta preguntas como “¿y te vistes de mujer todos los días?”; una muestra de la discriminación que obliga a las personas trans a aceptar trabajos precarios, no porque no tengan competencias profesionales, sino porque las personas empleadoras les excluyen y discriminan.

Y sobre todo, soy privilegiada porque mi vida nunca ha estado en riesgo a causa de mi identidad de género o mi orientación sexual. Las 381 personas que fueron asesinadas de 2013 a 2017 en México por esas razones, no tuvieron esa ventaja.

Para Luisa, salir del clóset ha representado libertad y gozo, por eso en nuestra charla de Órbita Feminista nos deseó “muchas salidas del clóset”, pero también nos contó que va a acudir a la marcha de este sábado caracterizada como la Virgen del Sexo, su personaje para ASCO Media, porque para muchas personas en nuestro país salir del clóset significa ser violentadas, abusadas, discriminadas e incluso asesinadas.

Quienes tenemos la ventaja de no enfrentar estos riesgos por las mismas razones, somos responsables de actuar para que no sea más un privilegio nuestro, sino una garantía de derechos para todas las personas.

Enseñemos a los niños y niñas de nuestras familias que todas las personas somos distintas y que eso nos enriquece, impulsemos políticas incluyentes con la comunidad LGBTIQA+ en nuestros trabajos, exijamos a nuestros gobiernos que garanticen servicios educativos y de salud no discriminatorios y de calidad para todas las personas.

Acompañemos este sábado la edición 40 de la Marcha del Orgullo y la Dignidad LGBTTTI en la Ciudad de México y soñemos con un país sin clósets.

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor o autora y no necesariamente reflejan la postura oficial de Oxfam México


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