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Órbita feminista. La primera misión

Paloma Villanueva

Coordinadora de Contenidos

Mar, 09/05/2017 - 18:06

Llegamos sin saber muy bien qué esperar con una invitación que sólo decía “Órbita Feminista. Únete a la tripulación”. Y sí, al salir ya habíamos formado una tripulación con renovadas energías para hacer oír nuestra voz y reclamar el espacio, que como mujeres, nos corresponde.

Nos reunimos en Homework una tarde tormentosa de finales de agosto. Había de todo, llegó el staff de Ambulante, invitadas del British Council, colaboradoras de agencias de relaciones públicas y marketing digital, abogadas, colegas de ONGs, administradoras de blogs especializados, estudiantes, consultoras independientes y activistas de Oxfam México.

La conversación no versó sobre quiénes de las presentes se merecían, asumían o defendían la etiqueta de “feminista”.En lugar de eso, nos dimos tiempo y espacio para escucharnos. Nos ocupamos de hablar sobre lo que nos pasa en el día a día por ser mujeres y escuchamos las experiencias de las demás mientras asentíamos con la cabeza porque a todas nos han tachado de putas por tener sexo sin compromiso o nos han asestado un chiste machista en una reunión familiar de domingo. A todas.

Tamara de Anda (@plaqueta) tuvo el primer turno y lo aprovechó para criticar que mientras en otros países hay actrices y cantantes que aprovechan su fama para abanderar el feminismo –para muestra Scarlett Johansson, Madonna y Alicia Keys en la “Marcha de las mujeres” en Estados Unidos-, en México las pocas que se asumen feministas, prefieren no decirlo en público para no desatar el enojo de sus fans y evitar el mote de feminazis.

“Cuando tienes el poder de acercarte a la gente, tendrías que leer un poquito y, aunque sea con un discurso light, entrarle al tema. Tendrías que convertir el feminismo en algo cool para que los chavos y las chavas se sientan identificados”, dijo.

Sobre la experiencia que vivió tras denunciar a un conductor de un taxi que la acosó en la calle, lo que le valió el apodo de “Lady Plaqueta”, Tamara recalcó que lejos de manifestar solidaridad, muchas personas, en su mayoría hombres, la tacharon de clasista e hipócrita, e incluso amenazaron con violarla y matarla.

Conforme nos fuimos pasando el micrófono, quedó claro que el caso de Tamara no es un asunto aislado.

Una joven compartió que fue acosada por su tío a los 17 años y cuando se lo contó a sus padres, simplemente no le creyeron. Otra mujer contó que un colega le mostró el pene a ella y a otras mujeres en un evento social del trabajo. Una tercera dijo que ha tenido compañeros que prefieren renunciar para no recibir instrucciones de ella, que tiene un puesto de mayor jerarquía.

Así fuimos descargando la rabia, el miedo, el asco, la inconformidad y el coraje. Así nos fuimos dando cuenta de que la Misión JSG (Justicia Social y de Género) exige que dejemos de ver a las otras mujeres como competencia y empecemos a construir comunidad.

Y, ¿cómo lo hacemos? Podemos empezar por replicar la estrategia de Rocío, quien cada vez que alguien en la comida familiar del domingo hace un comentario machista, alza bien alto la mano y grita “¡PEEEP! Chiste sexista”; o de Adriana, quien logró que la empresa donde trabaja quitara de las vacantes el campo de “sexo” porque no hace falta ser mujer para ser recepcionista o ser hombre para trabajar en el área de sistemas. También podemos hacer lo que hace Sandra cuando una mujer denuncia en redes sociales que ha sido víctima de acoso o abuso sexual: ser solidarias y escribirle un mensaje que diga “Yo te creo. Yo te apoyo. Yo también exijo justicia por ti”.

Para recordarnos el tamaño de la misión, Kim Piaget, asesora en Justicia de Género de Oxfam México nos dio un dato: de acuerdo a la calculadora del Foro Económico Mundial, a una niña que nace en México en 2017 no le va a alcanzar la vida para tener las mismas oportunidades que un niño. Al paso que vamos, nos tardaríamos 169 años para llegar a ese punto.

Necesitamos más feministas dispuestas a cambiar el mundo. ¿Te unes a la próxima misión de Órbita Feminista?

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor o autora y no necesariamente reflejan la postura oficial de Oxfam México


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